ante el espejo

Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.

A la vuelta contó. Dijo que había contemplado desde arriba, la vida humana.

Y dijo que somos un mar de fueguitos.

Perseguido por los tuyos.

Rechazado por tu pueblo.

Incomprendido incluso por tus mejores amigos.

A veces, tan solo.

Tentado más de una vez:

"si no me quieren, que se las arreglen solos".

¿Cómo no te cansaste ante tanta incomprensión,

tanta dureza de corazón?

Cantantes sin escenario,

bailarines sin alas,

artistas incomprendidos,

sembradores de sueños

sin cosecha,

deportistas de cuarta fila,

actores sin papel,

modelos de belleza distinta,

profetas rechazados

por jueces de vidas y almas;

nómadas de carteras vacías

y manos gastadas,

peregrinos sin dominios,

desterrados de la tierra amada,

aprendices sin título,

enamorados sin respuesta,

creyentes con preguntas,

maestros sin discípulos,

solitarios a la fuerza,

perdedores,

pero no vencidos,

hambrientos sin sitio en la mesa,

luchadores de batallas sin tregua...

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