ante el espejo

 

Cierto hombre susurró:

 

¡Dios, háblame!

 

y el árbol cantó.

 

Érase una carretera de montaña, estrecha, con muchas curvas; a la izquierda, el precipicio, y a la derecha, la montaña escarpada. Un grupo de peregrinos avanza por la carretera al atardecer.

 

Implícame, Jesús,

 

con la causa de los pobres.

 

Implícame con esta causa, que es la tuya.

 

Implícame, complícame, replícame,

 

cuando ponga argumentos

 

para escabullirme de la acción.

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