ante el espejo

 

Los cristianos, en efecto, no se distinguen de los demás hombres ni por su tierra ni por su habla ni por sus costumbres. Porque ni habitan ciudades exclusivas suyas, ni hablan una lengua extraña, ni llevan un género de vida aparte de los demás.

 

Señor, si una nota dijese:

 

yo solo no hago melodía,

 

no habría música.

 

Cada ser humano es una posada,

 

que a diario recibe la inesperada visita

 

de un nuevo huésped.

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