cuentacuentos

 

Cuando yo era chico me encantaban los circos y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. También a mí, como a otros, después me enteré que me llamaba la atención el elefante.

 

Un hombre ya mayor no podía olvidar una infidelidad que había cometido cuando joven. Se lamentaba cada día y recordaba su error como una pesada carga. Un día decidió, después de mucho pensarlo, ir a confesarlo a un sacerdote que tenía fama de santo. Decían de él que tenía línea directa con Dios.

 

Un hombre entro en un local y vio a un señor en el mostrador. Maravillado con la belleza del lugar, preguntó:

 

-¿Señor, que se vende aquí?

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