cuentacuentos

 

Era un lugar de tantos, en el que la gente sólo pensaba en ser…, ser importante, ser rico, ser un “premier” en la sociedad. Estos personajes vivían en una mansión, también importante, también rica, también la mejor de los parajes en donde vivían. Eran unas magníficas residencias. En aquel lugar, ser alguien, en un primer puesto, el que fuere, pero ser el primero, era norma de obligado cumplimiento.

 

Un campesino cansado de la rutina del campo y de tanto trabajo duro, decidió vender su finca. Como sabía que su vecino era un destacado poeta, decidió pedirle el favor que le hiciera el aviso de venta. El poeta accedió gustosamente. El aviso decía: "Vendo un pedacito de cielo, adornado con bellas flores y verdes árboles, hermosos prados y un cristalino río con el agua más pura que jamás hayan visto".

 

El poeta tuvo que marcharse por un tiempo, pero a su regreso decidió visitar a sus nuevos vecinos, pensando que aquél hombre del aviso se había mudado. Su sorpresa fue mayor al ver al campesino trabajando en sus faenas. El poeta preguntó: ¡Amigo! ¿No se iba de la finca?

  

Un día preguntó un sabio a sus amigos lo siguiente:

 

¿Por qué la gente se grita cuando están enojados? Los hombres pensaron unos momentos:

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