el sur también existe
África inmigra hacia Sudáfrica
25
Agosto 2015

África inmigra hacia Sudáfrica

 

Abebe Aleme, de 41 años, ahorró toda su vida para viajar a un sitio donde encontrar trabajo, ganar algo de dinero y poder comprarse una casa. "En mi país, Etiopía, aunque trabajes 20 años, no puedes comprarte nada. Si salí de allí no era por diversión". Como las rutas del norte (Melilla, Libia, Egeo o Madedonia) están cada vez más explotadas por las mafias y más blindadas por los muros de Europa, muchos inmigrantes y refugiados del cuerno de África, como Abebe, buscan vías alternativas para conseguir una vida mejor. Uno de ellos es el desconocido camino del sur, el que lleva hasta la próspera Sudáfrica.

 

Esa travesía atraviesa Kenia, Tanzania, Mozambique, Malawi y Zimbabue. Y los desafíos que plantea no son menores que la ruta de Agadez a través del Sáhara, la de Turquía hacia la isla de Kos o Lesbos o la del Sinaí. Las condiciones que sufren los inmigrantes son desconocidas en países sin libertad de prensa como Zimbabue, que también generan refugiados hacia Sudáfrica por la represión del régimen de Robert Mugabe.

 

Sin embargo, en Malawi, otro de los países de la ruta, la organización Médicos Sin Fronteras ha constatado la inhumana situación que viven decenas de miles de personas procedentes del cuerno de África. Cuando son detenidos en la frontera por entrada ilegal, son directamente enviados a prisión junto a criminales convictos. Allí en teoría deben esperar tres meses a que sean devueltos al país de origen, pero esos tres meses se prolongan por una burocracia tercermundista, que "hace que el propio inmigrante tenga que hacerse cargo de los gastos de repatriación", como denuncia MSF. Y si no pagas, no sales de la cárcel. Además, muchos de ellos no desean ser repatriados y se deshacen de su documentación.

 

Las condiciones de hacinamiento son terribles. En la cárcel de Maula, por ejemplo, hay 150 reclusos celdas diseñadas para 50 personas. La consecuencia es que los reos no tienen espacio ni para tumbarse, que la temperatura es extrema, el olor, nauseabundo y las condiciones higiénicas, deplorables. Hay un grifo de agua no potable para 900 personas, una letrina para cada 120 y enfermedades como la tuberculosis, diarreas, infecciones y enfermedades de transmisión sexual sin ningún tipo de control. Las mafias de la prisión tienen a los etíopes o los eritreos en las peores condiciones, con violaciones constantes, violencia y xenofobia. El 45% de los internos reconocen que fantasea con suicidarse.

 

Los presos, según denuncia la ONG, comen sólo una vez al día y lo hacen alimentándose de nsima, una especie de harina de maíz sin apenas propiedades nutricionales. Muchos sufren desnutrición severa y tienen que ser atendidos por MSF. Además, las familias de los reos locales les llevan otro tipo de alimentos para enriquecer su dieta, pero los inmigrantes no tienen esa posibilidad.

 

"No podemos regresar", asegura otro etíope llamado Emmanuel: "Si nos devuelven a Etiopía, ¿qué podríamos hacer allí? Ya no podemos trabajar. Estamos demasiado enfermos y débiles para cualquier tipo de trabajo". Es el precio de intentar llegar a Johanesburgo, donde lo que se encontrarán dista mucho de sus sueños. La mayoría de los inmigrantes o refugiados malviven en los edificios abandonados del centro de la ciudad o en la periferia, sin poder trabajar legalmente y perseguidos por la policía. Además, de forma habitual surgen en Sudáfrica oleadas xenófobas contra inmigrantes, exactamente igual que sucede en la vieja Europa.

 

Alberto Rojas

 

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