el sur también existe

 

He leído que según monjes de Nepal, “el terremoto ha sido un castigo divino”.

 

Ninguna amenaza para el desarrollo de un país es comparable a la de que sus habitantes mueran de sida, de ébola o de inanición.

 

Sumergidos en las entrañas del infierno desde su más tierna infancia, arrastran sus pequeños cuerpos por estrechos túneles, oscuros y peligrosos. Sus manos se convierten en improvisadas herramientas con las que recogen piedras, o escarban la tierra durante largas jornadas. Colocan explosivos y acarrean pesadas cargas. Se estima que un millón de niños trabajan en la minería y en las canteras de todo el mundo. La mayoría no ha cumplido los 10 años...

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