perlas de Francisco

 

En cierta ocasión, un joven llegó a un campo de leñadores con el propósito de obtener trabajo. Habló con el responsable y éste, al ver el aspecto y la fortaleza de aquel joven, lo aceptó sin pensárselo y le dijo que podía empezar al día siguiente.

  

Si el cristiano cede a la tentación de la «espiritualidad del espejo», no alimenta su luz con la «batería de la oración» y se mira «sólo a sí mismo» sin entregarse a los demás, se debilita su vocación y se convierte en una lámpara que no ilumina y en sal que no da sabor.

 

Implícame, Jesús,

 

con la causa de los pobres.

 

Implícame con esta causa, que es la tuya.

 

Implícame, complícame, replícame,

 

cuando ponga argumentos

 

para escabullirme de la acción.

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