Implícame a tu manera que
sorprende, inquieta e ilusiona.
Que no sepa dejar de mirar.
Que no sepa dejar de querer.
Que no sepa dejar de amar.
Complícame la vida, que eso
es lo que pasa cuando uno ama.
Complícame haciéndome apasionado.
Complícame porque las cosas
no son fáciles.
Complícame porque las lágrimas duelen
y el hambre es mala, y los gritos no se pueden apagar.
No me dejes posponer mi camino,
que ya está bien de muchas palabras.
Si estoy demasiado
centrado en mis problemas,
demasiado dedicado a mis actividades,
demasiado ocupado en salir yo adelante,
Implícame, Señor, y complícame.
Frente a tanta pobreza,
tanta hipocresía y omisión,
llévame del amor al dolor,
del dolor a la indignación,
de la indignación a la acción y la denuncia.
Es hora de complicarme la vida
Con la evangelización y la acción por la justicia.
Señor, haz de mi un ungido, un enviado,
que sea sal y luz en todas partes,
que sea fermento de comunión
en todos los rincones de mi existencia.
