Expiración

Desde la atalaya de mis recuerdos oteo el horizonte incierto, confiada en que mis pasos, descentrados a veces, tenues otras, hayan hollado el profundo surco que da un porqué al mundo y a la historia. Ha sido mucho lo vivido, alegrías y fatigas y huidas y desierto y pasión y encuentros y búsquedas, respuestas que cuestionan y cuestiones sin resolver, invitaciones a ir siempre más allá del último camino conocido…

Desde la atalaya de este extremo de la existencia veo el mundo, y aún me pregunto, como siempre, por qué tantos se empeñan en buscar felicidad donde sólo se encontrarán con ellos mismos; y quiero incorporarme, ya sin fuerzas, para seguir diciéndoles que no, que he sido feliz cuando me he encontrado con los demás, y cuando juntos, buscando, hemos llegado más allá y más abajo, hasta el lugar donde aguardan los últimos, y, con los últimos, andar lo que parecía imposible…

Desde la atalaya de mi fin, que es comienzo, la mirada se torna acción de gracias por cada instante en que he podido contemplar la Belleza, en todos aquellos que devuelven miradas limpias y ofrecen cálidas manos en horas negras, en cada ser y cada oculto paraje de esta inmensamente hermosa creación…

Ha merecido la pena, oh vida, vivir. Ha merecido la pena, oh Dios, buscarte mientras te encuentro, amarte mientras te busco. Ha merecido la pena, oh Buscadores de lo Nuevo, Niños Perdidos, hallaros y que me halléis, acompañaros. Ha merecido la pena, sí, oh mundo, atravesar tus porqués oteando el horizonte que ya no es incierto, que llega y me abrasa mientras el frío congela mis miembros...

Llamas, J.M.