Austeridad

La austeridad es una cualidad que tiene muy mala prensa: no se puede hablar de nada sin cenar o tomar un cubata; ir a ninguna casa sin llevar un regalo o lucir una prenda nueva.  El cenar juntos, o hacer un regalo es justo y necesario.  Lo malo es que se haga rutina, donde importe más la cosa que la persona: pasa de ser un detalle de amistad, a un alarde.

Parece que no sabemos disfrutar de las personas (y como los niños de ahora) toda diversión conlleva consumir o gastar innecesaria y excesivamente.

Sin embargo, es uno de los pilares fundamentales de la casa interior.  Es una de las cuerdas de nuestra guitarra, que, si está bien afinada, nos permitirá poder interpretar melodías fecundas y plenificantes.

Tiene una vertiente social: todo ser sensible siente que lo que tiene no le pertenece en exclusiva, sino que es un regalo de la Vida, para que lo disfrutemos más plenamente compartiéndolo con los que pueden darnos lo que nos falta.  “De personas bien nacidas es el ser agradecidas.”  La austeridad es una consecuencia del agradecimiento, la generosidad, la solidaridad, el sentirnos uno con todos los hombres, nuestros hermanos.

El dar, el compartir enriquece más que el recibir.  Aunque dice KHALIL GIBRAN: “Cuando des, vete deprisa y no vuelvas la cara, para no humillar al que recibió.”.  Por eso, la austeridad es una cualidad interior, aun cuando se viva por compromiso con la Vida. Se puede vivir también como enriquecimiento personal: el austero es más sensible, más comprensivo, más detallista, más amable; porque da más importancia a las personas que a las cosas.

Y es más feliz, porque para él tiene más importancia el ser que el tener, lo profundo que lo superficial, lo que llena que lo que deja vacío.  Y esto, se da en campos múltiples e insospechados.

Hace unos años, se unieron en matrimonio dos jóvenes  malagueños, que contaron en la homilía su decisión –meditada durante un año, con la ayuda de otros tres componentes de su grupo- de irse a vivir con los indios del altiplano de Perú; a compartir su vida, sin más, para poder  vivir más plenamente; a encarnarse en su pueblo, no tanto para ayudar, como para ser ayudados a vivir en sencillez y austeridad fecundas y enriquecedoras.

La celebración –la sacra y la profana- fue la más profunda, emocionante y alegre que quizás se haya celebrado.  Curiosamente, el banquete fueron las tortillas, emparedados y bebidas que llevaron felices sus amigos de diversos grupos.

Pero la austeridad es también una cualidad interior: tendríamos que ser austeros, aunque no hubiera miseria; la austeridad es un elemento necesario para la felicidad: la sensibilidad no puede cultivarse desde el lujo, el corazón no crece, mientras se permita todo capricho; el niño educado sin austeridad, orden, o contrariedad vivirá inseguro, desorientado, no soportará revés alguno.

La austeridad no es cuestión de echar cuentas y dar una limosna para tener la conciencia tranquila.  Es una manera necesaria e insustituible de ser feliz: “Se ven a los poderosos, desdichados siervos de la materia, en tanto que los anhelos de un corazón ardiente son la armonía de una bella canción”, dice KHALIL G.