Tres palabras para orar en nochevieja
SEÑOR, Estoy a punto de terminar mi Diario de este año. "Volumen 2011". Me queda en blanco su última página. Y la voy a emplear en decirte tres palabras: Gracias... Perdón... Ayúdame...
GRACIAS, SEÑOR, por haber llegado al ocaso de este año creyendo, confiando y amándote a Ti. Fueron muchas las veces que tonificaste mi fe, encorvada bajo el desánimo. Y no pocas las que corriste a mi encuentro, al verme volver. Siempre sentí el calor de tu mano, aun en plena oscuridad. Gracias, también, por esa otra fe - no menos necesaria ni difícil- que he conservado: me refiero a la fe en mis hermanos. Gracias por las ayudas, la compañía y la alegría que me han brindado. Gracias por tantos ojos como me miraron con ternura, por tantas manos como me ayudaron, por tantos labios cuyas palabras y sonrisas me alentaron, por tantos oídos que me escucharon. Gracias, Señor, por tanto como he recibido; que no fueron méritos míos, sino dones tuyos... Gracias por aquel fracaso y aquella desilusión. Gracias también, ¿por qué no?, por el insulto, la calumnia, la injusticia hacia mi persona. Me han unido más a Ti, que también fuiste rechazado y criticado. Gracias, incluso, por aquel ser querido que perdí Tú sabes bien, Señor, qué difícil me resultó aceptar todo esto. Hoy, en esta Noche, no sólo lo acepto, sino que hasta te lo agradezco, pues esta experiencia me ha acercado más a Ti.
PERDÓN, SEÑOR, por la palabra que callé. Por esa mano que no tendí. Por la mirada que escatimé. Por el saludo que negué. Por la mirada que desvié. Por la alabanza que no regalé. Por la disculpa que no pedí. Por esos oídos que no presté. Por ese gozo que no compartí. Por tanta lágrima como no enjugué. Por esa verdad que omití. Por ese "yo" que tanto se autoprefirió. Por tantas veces, Señor, como me marché dé Ti o no te abrí mi ser. Por tanto que dejé de hacer y amar.
AYÚDAME, SEÑOR, porque, cerrado un volumen de mi vida, debo comenzar otro. Ayúdame a no emborronar o malgastar ninguna página de mi vida. Lo hecho mal, perdonado está por tu bondad. Lo por hacer es un cheque en blanco; es mi nueva oportunidad. Ayuda mi libertad. No me hiciste marioneta, ni robot programado, ni puro instinto. Puedo darte la espalda. Eres Tú quien no me la das. Ayuda mis retornos. Fuiste Tú quien contaste todo aquello de la "oveja perdida", del padre que tenía dos hijos, de la mujer adúltera. Ayúdame en medio de mis éxitos. Resultan más difícil de digerir que todas las derrotas de mi vida. Ayúdame para qué no se me suban a la cabeza, para que no entre en delirios de estúpida autosuficiencia, para que te los atribuya a Ti y los utilice como instrumento de trabajo para servir mejor a mis hermanos. Ayúdame -¡cómo no!- en mis momentos bajos. Ayúdame cuando tenga la sensación de no tener ni meta ni brújula ni horizonte. Ayúdame cuando crea que ya no puedo más. Ayúdame cuando mis redes salgan completamente vacías. Ayúdame cuando me duerma... me adormezcan tantas y tantas cosas. Ayúdame cuando me sienta solo a notar que vas conmigo.
GRACIAS... PERDÓN... AYÚDANOS...
Te repito estas palabras, no sólo en nombre propio, sino en el de cuantos esta Noche no se acuerden de decírtelas o no te las quieran dirigir.
Y cierro, por fin, este volumen de mi "DIARIO-2011".