Una pareja de abuelos a las misiones

Una pareja de abuelos madrileños deja todo para ir de misiones a Chile. Cooperarán con los salesianos en un barrio marginal de la capital suramericana. José Luis y Mati podrían ser una pareja de jubilados cualquiera con sus cuatro hijos y dos nietos. Pero su vocación misionera les ha cambiado la vida. La prejubilación anticipada de José Luis hizo que se plantearan marcharse de misiones durante unos años. Ahora, este proyecto planeado desde el 2001 se hará realidad muy pronto: en enero se marcharán para ayudar a personas conflictivas en uno de los barrios marginales de Santiago de Chile.

Con 58 y 54 años, José Luis y Mati están emocionados como si volvieran a empezar todo de nuevo. Hasta hace cuatro años, él trabajaba como ingeniero industrial y ella como ATS y podóloga en una consulta propia. Pero fue entonces cuando a José Luis le anunciaron su prejubilación anticipada. Lo que para otros hubiera sido un gran trastorno –cuando no un verdadero problema–, para ellos fue «un auténtico regalo». «En ese momento fue cuando pensamos que podíamos dedicar unos años de nuestra vida a ayudar a otras personas que no están en una situación fácil», explica Mati. Y no se lo han pensado dos veces: ya están preparando las maletas para irse en enero. Dicho y hecho.

Desde el año 2001 se han estado preparando –ahora más que nunca: dedicación plena– para poder marcharse como misioneros y cooperar en proyectos de desarrollo social junto con los misioneros salesianos. Durante muchos años, José Luis y Mati han sido catequistas de niños, jóvenes, adultos e inmigrantes; también pertenecen a la «Plataforma 0'7» desde sus inicios. Lo primero que hicieron cuando tomaron la decisión de marcharse fue hablar con sus cuatro hijos. «Llevamos años luchando por la gente del sur, así que este paso que hemos dado era lógico dentro de nuestra trayectoria», asegura Mati. «Además, nuestros hijos se han implicado en temas sociales y políticos con nosotros, así que siempre nos hemos considerado una familia unida y muy misionera», explica José Luis. «La familia lo ha comprendido perfectamente, aunque es lógico que sufran la pérdida. Nosotros también echaremos de menos a nuestros hijos y a nuestros nietos».

Como no sabían por dónde empezar, Internet fue la herramienta que encontraron a mano para comenzar a buscar. Y lo primero que apareció fue OCHASA (Obra de Cooperación Sacerdotal Hispanoamericana ), una organización eclesial de laicos con inquietud misionera. «Desde 2001 nos hemos reunido una vez al mes en grupos de reflexión y oración; después tuvimos unas jornadas de discernimiento durante medio año, y hace poco un fin de semana de convivencia», enumera Mati. De allí han salido las cinco personas dispuestas a dejarlo todo para ayudar a los más desfavorecidos: un joven matrimonio –él veterinario y ella química–, una maestra de 35 años y José Luis y Mati. Todos ellos se trasladaron hace un par de meses a la casa de la diócesis de Madrid, donde seguirán hasta Navidad un curso intensivo diariamente en la escuela de estudios misioneros «San Pío X».

El mismo día de la entrevista, José Luis y Mati acababan de saber cuál sería el proyecto en el que trabajarían durante tres años, que es el mínimo compromiso que se exige en estos casos: «¡Os vais a enterar vosotros los primeros!», avisa Mati. «Ayudaremos en una comunidad marginal de Santiago de Chile, y dormiremos allí en una casa que nos proporcionen los salesianos», explica José Luis. Allí tendrán que prestar apoyo psicológico y social a personas procedentes del mundo de la droga, la violencia, la cárcel y otros sectores marginados o en riesgo de exclusión. «Pero siempre respetando las costumbres que allí se tengan, sin imponer nada ni creer que nuestras ideas y comportamientos son los mejores. Parece que ser prepotente es consustancial a nuestra formación», matiza. Dar testimonio, vivir con los marginados, implicarse en sus problemas, echarles una mano...éstos son los propósitos de José Luis y Mati. «No sé si será como lo creemos, pero vamos muy contentos y muy tranquilos. Es como casarse, tenemos la misma ilusión», confiesa Mati.

El porqué de todo esto lo resume José Luis convencido: «Si la prejubilación fue para nosotros un regalo, nos sentimos en la obligación moral de devolverlo. Es simplemente sentido de la justicia», explica. «Todo esto ha sido poco a poco, muy meditado. Hemos sentido que ha llegado la hora de demostrar nuestro “sentido misionero”». Y en enero se harán efectivos todos estos planes e ilusiones, puesto que será entonces cuando sobrevuelen en Atlántico hasta Santiago de Chile, donde comenzarán esta nueva etapa de su vida. «Pero aun así, los hay mucho más heroicos que nosotros, seguro», concluye José Luis.

Sara Martín, en www.gaztetxo.com