La adultescencia

"No es que la necesidad de consumir sea en sí una maldición o una condena, es una natural condición humana. El problema es que, hoy, se ha convertido en la forma mental con la cual juzgamos, deseamos y experimentamos también nuestra vida interior y de relaciones. Cuando una elección personal se transforma poco a poco en necesidad o dependencia, o cuando una libre expresión se torna espejo narcisista donde admirar nuestra rabia finalmente tomada en cuenta (y a lo mejor halagada por muchos likes) ya no estamos afirmando nuestra presencia sino nuestro sometimiento", considera. En este proceso hacia el individuo como actor del consumismo, "el adolescente se convierte en el target ideal" y el adulto en una mala versión del anterior. Tanto Andreella como Carrión señalan la adultescencia como engranaje fundamental de esta vida nueva en la que resulta difícil tener claro qué se desea, qué se necesita y, al cabo, quiénes somos. "Es la adultescencia, es creer que todo se soluciona pasando de pantalla. ¿Qué necesitamos realmente? ¿Qué convencionalismo vamos a decidir seguir? ¿Cómo de libres somos? Estamos atados a miedos, a zonas de seguridad, a zonas de confort pero, sin duda, lo más complicado es solucionar la necesidad afectiva, que es como el comer y el beber", reflexiona Carrión.Este "colapso de la edad adulta en la juventud anhelada", apunta Andreella, "es una condición psíquica perfecta para el consumo, que quiere clientelas que adolezcan de algo, que padezcan de un crecimiento interior inacabado y que busquen su identidad en los símbolos que el mercado ofrece en forma de productos. ¿Qué otro consumidor es mejor que el adolescente de cualquier edad que, frágil y hambriento, está a la búsqueda de algo que llene su vacío existencia?".En la misma línea, Orellana sugiere que cuando un necesitador compulsivo dice que "necesita ganar más dinero, unas vacaciones, acudir a un partido de fútbol...." bastaría con que dijera "quiero ganar más dinero, quiero unas vacaciones, quiero ir a un partido" para "dotar de realidad al enunciado y que el contenido sea más proactivo, más adulto, menos pueril y menos exigente". Por si fuera poco, la necesidad compulsiva no sólo atiende a lo material, también a lo sentimental. "El componente de la necesidad que se da dentro del vínculo afectivo normalmente está viciado. El individuo que, en este ámbito, pronuncia las palabras 'te necesito' suele añadir un dramatismo contraproducente a la relación y acostumbra a ser muy absorbente en la misma", sentencia Orellana. Carrión amplía y se lanza: "Hay que mirar más allá del amor romántico, hay que reorientar los afectos y buscar una mayor libertad".El reto de pedirPara este psicólogo, "la historia de la humanidad se estructura sobre la necesidad y el pedir" y considera que "el ser humano es adaptativo y, por tanto, puede conseguir vivirlo todo con naturalidad". Sin embargo, a la hora de pedir, los individuos manifiestan sonoras dificultades. Según Orellana, "a lo largo de la vida todos los seres humanos realizamos estas dos acciones: pedir y dar. Mientras que en los necesitadores se produce un desequilibrio entre lo que solicitan y lo que están dispuestos a ofrecer, hay otras personas que encuentran una gran dificultad a la hora de pedir, esencialmente por dos motivos: el pudor del retraído, del que no quiere molestar, y la soberbia del autosuficiente, que piensa que no necesita de los demás".Si necesitar tiene sus matices, lo mismo pedir. Explicaba su travesía hacia hacerlo sin pudor la cantante Amanda Palmer en su libro El arte de pedir (editorial Turner) en 2015. Aseguraba esta mujer que puso en marcha -como tantos ahora- una campaña de crowfunding para sacar su trabajo adelante que "pedir es un componente básico de toda relación" y también que "a todos nos cuesta hacerlo, por miedo a ser vulnerable, por miedo al rechazo o por reconocer un presunto fracaso".En entrevista con EL MUNDO, Palmer es vehemente cuando afirma que "las personas que nunca necesitan pedir algo de alguien no existen" y que "pedir, y aprender a recibir con todo el corazón, es lo que nos convierte en familia humana; en comunidad". "Una vez aprendemos a pedir somos más felices, pedir te conecta con el entorno, no solemos pensar en ello así pero incluso el hecho de comenzar una amistad, decirle a alguien de tener una cita en un bar o que acuda contigo a un concierto... pedir es todo, complicidad, conexión y comunidad".Advertía en su libro esta cantante -que durante años trabajó como estatua viviente, vestida de novia, ofreciendo flores a cambio de dinero- que "pedir ayuda con vergüenza" es como decir "eres más poderoso que yo, que "pedir con condescendencia" implica afirmar "soy más poderoso que tú" y que, sin embargo, "pedir ayuda con gratitud" afirma: "Tenemos el poder de ayudarnos entre nosotros".

Rebeka Yanke

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