Adora y confía

 

Piensa que estás en sus manos,

tanto más fuertemente agarrado,

cuanto más decaído y triste te encuentres.

Vive feliz. Vive en paz. Que nada te altere.

Que nada sea capaz de quitarte tu paz.

Conserva siempre sobre tu rostro

una dulce sonrisa, reflejo de la que el Señor

continuamente te dirige.

Por eso, cuando te sientas apesadumbrado, triste,

adora y confía.

Teilhard de Chardin