La vajilla. Cuento para despedir el año.

Cuenta una antigua historia que en una familia humilde en la que todo se reutilizaba, había una costumbre que se repetía año tras año. El día 31 de diciembre, antes de que dieran las doce campanadas y todos se prepararan para celebrar el año nuevo, el mayor de entre los presentes, generalmente alguno de los abuelos, se acercaba a la chimenea y, en la repisa de piedra que había sobre el hogar donde ardía un fuego acogedor, se cogía algo que había estado allí depositado durante todo el año, justo desde el día 1 de enero de ese año. Solía ser un viejo plato desconchado, una taza con el asa rota, una tetera inservible... Siempre había algo al comenzar el año que andaba estropeado, que ya no cumplía su función. Pero en lugar de tirarlo, el mayor o más anciano, lo depositaba allí el uno de enero y allí permanecía hasta el 31 de diciembre. Durante el año, todos y cada uno de los que habitaban la casa no sólo cuidaban de ese objeto, sino que pensaban qué hacer con él al llegar al final del año. La mejor de las propuestas era la que se llevaba a cabo. Así, el plato roto se convertía en trozos para poner en el fondo de las macetas, la taza o la tetera se dejaban fuera, donde alguna de las canales la llenaba de agua donde bebían los pajarillos.
Esa noche, a lo que se había cuidado por inservible durante todo un año por parte de todos los de la casa, se le daba un nuevo uso, un uso diferente. No importaba que ese uso fuera muy significativo, pero sí importaba que todos pensaran qué nuevo uso darle. Cuando finalmente el objeto se retiraba, el mayor de entre todos se despedía del objeto y decía unas palabras que todos conocían:
«Así es la vida, más larga o más corta, siempre llega a su fin. Pero cuando el fin no es repentino e inesperado, la vida se cuida por parte de todos, aunque la vida que se cuida ya no sirva para nada o casi nada. Ese cacharro es la vejez, la incapacidad, el desamparo. Y pensar en él, en su cuidado y en una segunda oportunidad, es la tarea que tenemos para con los mayores los que todavía formamos parte de la vajilla.