El viejo Tomás

El joven Mateo caminaba furioso por el pueblo, pateando piedras porque sus planes habían fracasado. Al verlo, el viejo Tomás, el carpintero más anciano del lugar, lo llamó a su taller y le entregó un trozo de madera rústica y un cuchillo afilado. "Haz una escultura ahora mismo", le ordenó el anciano. Mateo, desesperado, clavó el cuchillo con fuerza y rompió la madera en dos. Tomás sonrió con ternura, tomó otro trozo de madera y empezó a tallar con golpes suaves, precisos y calmados, transformándolo en un hermoso ave. "El ímpetu sin paciencia solo destruye lo que intentas construir", le dijo el anciano colocándole la figura en la mano. Mateo entendió que la frustración nubla el talento, y que para moldear el futuro se necesita calma.
Moraleja: La fuerza y la energía de la juventud son valiosas, pero sin la guía de la paciencia y la sabiduría, a menudo terminan en autodestrucción. Escuchar a la experiencia nos enseña a transformar la frustración en arte.