Relato de una trágica travesía

Se amamantaron con leche materna, bebieron agua del mar y algunos incluso se alimentaron de carne humana en un acto desesperado por salvar su vida. Los estremecedores relatos pertenecen a los 36 dominicanos que sobrevivieron 12 días en una barca a la deriva tratando de llegar a Puerto Rico. Los que no aguantaron la trágica travesía, se arrojaron desesperados al mar.

Los rescatados formaban parte de un grupo de alrededor de 87 emigrantes dominicanos, que el 29 de julio se hicieron a la mar en una yola (barca de fabricación casera), desde la desembocadura del río Barracote (nordeste), para tratar de llegar a Puerto Rico.

Dos días después de su partida, los viajeros estuvieron a punto de alcanzar el islote de Desecheo, perteneciente a Puerto Rico, y allí se les dañó el motor.

Según los testimonios, fue entonces cuando el capitán abandonó la embarcación para irse en otra barcaza de emigrantes que pasaba por el lugar, diciendo que regresaría con ayuda. El capitán nunca regresó. La barca, sin asientos ni remos, comenzó a alejarse mar afuera y al tercer día de la partida se acabó toda el agua y la comida, que se basaba en chocolates, cacahuetes y sardinas.

Algunos pasajeros, principalmente los mayores, comenzaron a morir el quinto día, la misma fecha en que los hombres comenzaron a exigirle a las mujeres, incluso a las que no estaban lactando, que les dieran leche de sus pechos.

Lo que los tripulantes vivieron a partir de entonces fue lo más parecido a una lenta agonía. Siete dominicanos murieron de hambre durante el viaje -sus cuerpos fueron lanzados al mar-, otros siete han fallecido en diversos centros hospitalarios y 40 continúan desparecidos.

Escenas de dolor

Deshidratados y quemados, varios de los supervivientes deshilaban ayer en varios hospitales de Nagua, San Francisco de Morís y Santiago, los matices del drama.

Allí mismo, los familiares de los viajeros, en su mayoría de Villa Arriba, Arenoso y comunidades de Nagua buscan desesperadamente a sus familiares. Mientras, en pueblos como La Pichinga, los familiares velaban, en medio de tremendas escenas de dolor, los cadáveres de sus allegados.

Faustina Santana, de 28 años y madre de un niño de un año y diez meses, contaba que una mujer que dio leche de su seno a algunos viajeros, murió y fue arrojada al mar. Según su testimonio, falleció a causa de una hemorragia: "Ella decía que ya no podía más, que ya tenía los senos secos, pero ellos seguían comiendo".

Coincidiendo con la versión de Santana, Odalís de Jesús, de 29 años, afirmó que bebieron agua del mar para apagar la sed, cogieron algunos peces y que "una mujer recién parida se exprimía el seno y mojaba los labios" de los viajeros cuando los "veía caer".

De Jesús, con dos hijos de 4 y 10 años que dejó en casa de su madre, pagó 30.000 pesos (714 dólares) por la frustrada travesía y cuenta, siendo capaz de sonreír, que decidió partir "porque mi esposo está allá y me dijo si quería ir".

"Me he quedado medio loco. Tantos días sin comer, sin dormir. No reconozco muchas cosas todavía", aseguraba Ramón Payano, de 40 años, en el cuarto de un centro de salud de Nagua, donde le acompaña su hermana, que le vio partir en un barca "con demasiada gente".

Payano, natural de El Yuna y que viajaba con una sobrina que también sobrevivió, declaró, mientras se mojaba los labios resecos, que "lo peor fue la sed". Según su testimonio, el motor de la embarcación, en la que fabricaron una vela con restos de ropa, "se despegó" y que no entiende cómo no les encontraron antes, porque él veía que "las avionetas pasaban por el aire" y las luces de los guardacostas.

'Querían arrancarle una oreja'

"Lo que trabajo no me da para comer y tengo cuatro muchachos que mantener", declaró Payano explicando sus razones. Según el superviviente, que trabajaba en Santo Domingo, algunos de los viajeros "querían arrancarle una oreja" a un cadáver para saciar el hambre, "pero no les dejamos porque somos gente humana".

Medios locales, sin embargo, apuntan que sí que se produjo canibalismo con los náufragos que morían. Rafael Emilio Chalas, uno de los médicos que atiende en el hospital de Nagua a varios de los rescatados, declaró a una emisora local que uno de los emigrantes señaló que habían practicado canibalismo como un medio para tratar de salvar su vida.

Según el periódico digital El Día de República Dominicana, algunos náufragos comieron carne humana y mordieron a sus compañeros para beber sangre, de acuerdo a la versión de los supervivientes Carlos Montañés y Juana Santos.

Recurrían también a comer algas y saciaban la sed con un líquido que sacaban de una de las maderas de la embarcación o sus propios orines, de acuerdo con otros testimonios.

El grupo de emigrantes fue hallado a las 4:00 de la tarde del martes (hora local) por pescadores dominicanos, a dos millas náuticas de la playa Matancitas en Nagua, una aldea pesquera en la costa norte dominicana, a 180 kilómetros de Santo Domingo.

"El viento y la misericordia de Dios nos empujaron de nuevo hacia las playas de nuestro país y unos pescadores nos auxiliaron llevándonos hasta la playa de Los Gringos (Nagua)", dijo en declaraciones a un medio local Mirelis Duarte.

Según observaron los pescadores, la yola no tenía asientos ni remos y muchos de los náufragos se habían desmayado. Cuando el motor se averió, los pasajeros habían hecho una bandera con una camisa blanca, esperando durante varias jornadas que otras embarcaciones los avistaran y se detuvieran a ayudarlos. Fue al decimosegundo día, tras unas jornadas de dramática espera.