Testimonio misionero en La India

Primi Vela es una misionera de las Hermanas de la Caridad de Santa Ana, vive en Mumbai atendiendo el Hogar Ankur, un centro de acogida para más de doscientas niñas de la calle procedentes de los slums de la ciudad.

“India es el segundo país más poblado del mundo con más 1200 millones de habitantes y la quinta economía del mundo. A pesar de eso 800 millones de personas viven en pobreza y a veces en la  más absoluta miseria. Algunas de las ciudades más grandes del mundo se encuentran en India, pero a pesar de eso el país es inminentemente rural: la población urbana supone menos de un 28% del total.

India posee una población muy joven, un 54% de población menor de 25 años. Más de 420 millones de sus habitantes menores de 18 años y tiene una población infantil de más de  300 millones de niños de los cuales, 120 millones son menores de cinco años.

Existen unos 20 millones de niños de la calle en la India. Chicos y chicas, de entre 5 y 15 años, que nacen y mueren en las calles a causa de la pobreza, el abandono, o la destructuración familiar. Los “niños de la calle” son totalmente rechazados por la sociedad y su número crece día a día.

Muchos de estos niños de la calle mantienen algún vínculo familiar y sobreviven robando, pidiendo limosna, vendiendo periódicos y flores o lustrando zapatos de esta manera, ayudan a completar los ingresos de  la familia. Otros muchos han roto con todo vínculo familiar y hacen de la calle su modo de vida.

La Comunidad de las Hermanas de la Caridad de Santa Ana atendemos el Hogar Ankur, en un barrio del norte de Mumbai. El hogar que se inauguró en 1997 y en el damos acogida a doscientas niñas de la calle de Mumbai que son traídas por la policía de los enormes slums de la ciudad.

En este hogar intentamos seguir el lema de Jesús: “He venido a que tengan vida, y la tengan en abundancia.” Y esa vida se nos da a todos, también a los niños a quienes tenemos el privilegio de servir, y a quienes reciben nuestra ayuda y cariño. Los niños del hogar son liberados de la esclavitud y reciben calidad de vida. Pero también las misioneras recibimos de ellas porque nos dan significado pleno a nuestra existencia.

Nuestra misión se basa en recuperar  y reafirmar su personalidad, ayudarles a integrarse en una sociedad como personas sanas y que en un futuro pueden formar familias y tener hijos sanos al crecer ellas con todo el cuidado que necesitan y  con valores que las haga ciudadanas dignas y responsables del futuro de su país.

El objetivo del trabajo de la Comunidad es acoger a estas  niñas marginadas en nuestras casa-hogar, donde les ofrecemos un clima de cariño y de familia que les ayuda a recuperar la confianza en sí mismas y a crecer sanas en el cuerpo y en espíritu. Un enseñarles a vivir. Con ello estamos consiguiendo, niñas más sanas, capaces de combatir enfermedades; las niñas del hogar son más felices y sus resultados escolares son buenos por el apoyo recibido y muchas al llegar a la edad adulta terminan una carrera terminada y logran conseguir buenos puestos de trabajo. Pero sobre todo llegan a ser íntegras y agentes de cambio social .

A las misioneras nos enorgullece poder decir que en el Hogar Ankur no somos una promesa… somos una realidad que cobija y da esperanza  sosiego, cura y alimenta y educa a muchas niñas”.

Obras Misionales Pontificias

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