"Inútil", (Marta Carreño)

Cada vez que escuchaba esa palabra, se echaba a temblar. Tras ella venían los golpes. Porrazos más o menos certeros, en función de lo que hubiera tomado su marido en la pequeña cantina del pueblo. Hace muchos años, demasiados, que ese hombre pronunció la palabra por primera vez. Muchos años y varios hijos. Toda una vida…

¡Inútil! Todos los días, a todas horas: a la vuelta del mercado, a la hora de la cena, tras regresar de la iglesia los domingos… Si los niños hablaban y si no lo hacían. Si estudiaban o faltaban al colegio. Siempre había un motivo para levantarle la mano.

Durante años sus amigas le han aconsejado que no aguante más, que se vaya de allí. Por su bien y por el de sus hijos. “Hay muchas asociaciones que te pueden ayudar. Y en Honduras las leyes castigan a los hombres que hacen daño a las mujeres”. Pero a María le asustaba no saber dónde ir. ¿Qué iba a ser de ella y de su familia?

Todo cambió aquel día mientras recorría el camino de vuelta a casa desde el mercado. Escuchó de nuevo la palabra: ¡Inútil! Y asustada volvió la cabeza, pero allí no había nadie.

Tras el insulto llegaron los gritos. Reconoció la voz de su hija Isabel y corrió con todas sus fuerzas. En el patio de la casa yacía encogida la mayor de sus hijas. El hombre la amenazaba con la mano abierta. Aquella fue la última vez que lo hizo. Nunca ha vuelto a saber de él.

El equipo de Cáritas San Pedro Sula le ha ayudado mucho. Tiene su propio negocio de tortitas de maíz, que regenta con su hija Isabel. Los pequeños estudian.

Hace poco oyó de nuevo la palabra prohibida. La pronunció entre risas su hija mayor, mientras separaba, para dedicarla al consumo familiar, una tortita de apariencia poco estética: ¡Inútil!